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¿Qué es el pago sin contacto y qué espera elimina de verdad en un restaurante?

Clienta pagando acercando el móvil al datáfono, con una marca verde en pantalla
Ayseli İzmen
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Ayseli İzmen
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Si las mesas tardan en irse al final del servicio, es probable que alguien le haya propuesto el pago sin contacto como solución. Primero, qué es. El comensal acerca la tarjeta, el teléfono o el reloj al lector, suena un pitido y la cuenta queda pagada. Nadie inserta ni desliza nada. El lector toma los datos por una conexión de radio de muy corto alcance, y por eso también se le llama contactless. Por debajo de un monto que se fija en cada mercado no se pide PIN ni firma. Sirve cualquier tarjeta que lleve impreso el pequeño símbolo de cuatro líneas curvas.

Lo que cambia en su salón es más modesto de lo que promete el vendedor. Acercar la tarjeta lleva alrededor de un segundo, y ese segundo nunca fue lo que hacía lento el cobro. Los minutos se pierden antes y después. El comensal espera a que alguien lo vea para pedir la cuenta. Luego vuelve a esperar mientras le traen la máquina desde la otra punta del salón. Conviene activarlo, sí. Pero antes de contar con que mejore la rotación de mesas, hay que saber cuál de esas esperas quita.

Qué paga por acercamiento y cómo saber si una tarjeta lo permite

Pagan por acercamiento tres cosas: la tarjeta bancaria con chip sin contacto, el teléfono con la tarjeta cargada en su billetera digital (Apple Pay, Google Pay o Samsung Wallet) y el reloj que lleva esa misma tarjeta en su billetera.

La tarjeta que lo permite muestra cuatro líneas curvas, como el ícono de señal puesto de lado, casi siempre en el frente y cerca del chip. Sin ese símbolo la tarjeta sigue sirviendo en la ranura. Lo único que no puede hacer es pagar por acercamiento. El teléfono va por otro camino. Primero hay que cargar la tarjeta en la billetera, y al pagar el aparato tiene que estar desbloqueado o el comensal tiene que mirarlo. Si un pago con teléfono falla en la mesa, revise esas dos cosas antes de culpar al terminal.

También se llama pago sin contacto al que se hace desde un código QR o un enlace en el teléfono del propio comensal, aunque ninguna tarjeta se acerque a un lector. El comensal elige tarjeta, Apple Pay o Google Pay en el navegador. Para quien paga el resultado es el mismo: la tarjeta no sale de su mano. Por eso tiene sentido pensar las dos cosas juntas.

Lo que pasa en el segundo en que la tarjeta está sobre el lector

La tarjeta y el terminal se comunican por NFC (comunicación de campo cercano), una variante de corto alcance de la radio RFID, la misma que usan las tarjetas de acceso a edificios. El alcance es de pocos centímetros, así que la tarjeta hay que acercarla de verdad. La antena del terminal alimenta el chip, y el chip devuelve los datos de la tarjeta junto con un código que solo vale para ese pago. El teléfono va un paso más allá. No envía el número real de la tarjeta sino uno sustituto, llamado token.

Para el terminal, acercar una tarjeta o acercar un teléfono es la misma operación. Por eso aceptar Apple Pay y Google Pay no exige otro equipo. Si el lector acepta tarjetas por acercamiento y la función está activada, acepta también teléfonos.

Dónde falla el acercamiento en la mesa

El primer límite es el tope. Por encima de cierto monto por transacción, que fijan las redes de tarjetas y su banco adquirente en cada mercado, el terminal deja de aceptar el acercamiento sin más y pide el PIN. La cifra cambia de un país a otro y se mueve con los años. El Reino Unido subió la suya de 45 a 100 libras en octubre de 2021. Algunos terminales piden además el PIN cuando la misma tarjeta se acerca varias veces seguidas, sea cual sea el monto. Un café nunca llega ahí. Una mesa de ocho que paga todo junto lo pasa sin esfuerzo. Por eso en la mesa tiene que estar a mano el teclado para el PIN, no solo el lector.

El segundo problema es el comensal que apoya la cartera entera contra el lector. Si dentro hay dos tarjetas sin contacto, pueden responder las dos a la vez. El terminal puede rechazar el pago o cobrárselo a la tarjeta que el comensal no quería usar. Se resuelve pidiéndole que saque una.

El tercero llega más tarde, con las devoluciones. Un pago con teléfono se hizo con el token del teléfono y no con la tarjeta de plástico que hay detrás. Para cuadrar la devolución, muchas veces ese mismo teléfono tiene que volver a la caja. Pregunte a su proveedor cómo se devuelve un cobro cuando el comensal ya se fue a su casa. Mejor saberlo antes de que el primer caso le llegue un sábado por la noche.

En Estados Unidos, el acercamiento cambia el recorrido de la tarjeta

En muchos restaurantes de servicio completo de Estados Unidos, la cuenta llega en una carpeta. El mesero se lleva la tarjeta a un terminal del fondo y vuelve con un comprobante para que el comensal anote la propina y firme. Esa rutina no deja sitio al acercamiento, porque para acercar la tarjeta el lector tiene que estar delante del comensal.

La firma ya no es el obstáculo. Las principales redes de tarjetas dejaron de exigirla para los pagos con tarjeta en Norteamérica en 2018. Lo que tiene que desaparecer es la caminata del mesero hasta el fondo del local. Por eso la decisión real es dónde se pone el lector, más que el acercamiento en sí.

Dónde está el lector es lo que nota el comensal

Sin contacto describe cómo llega la tarjeta al lector. Dónde está ese lector es otra decisión, y de ella depende cuánto espera el comensal.

El terminal de la caja es la opción por defecto, porque es lo que ya hace un terminal fijo. Un terminal portátil que va a la mesa mejora las cosas de verdad, pero depende del personal. Solo acorta la espera si hay alguien libre para llevarlo un viernes a las 20:30. El pago desde el teléfono del comensal quita el viaje por completo. A cambio, la cuenta tiene que existir en algún sitio donde el comensal pueda abrirla. En la práctica, eso quiere decir que el pedido se tomó en digital desde el principio.

La propina, con y sin un mesero al lado

En la propina se nota si el acercamiento sale fluido o incómodo. Con un terminal portátil, el comensal responde la pantalla de la propina con el mesero de pie junto a la mesa. Si paga desde su propio teléfono, responde esa misma pantalla a solas. En un salón al estilo estadounidense, eso reemplaza la línea de propina del comprobante en papel.

Antes de ponerlo en marcha, acuerde con su proveedor cómo se captura la propina. Algunas configuraciones la suman a la misma autorización. Otras la registran como una segunda, y las dos se leen distinto en el reporte de cierre del día. El personal que cobra sus propinas cada noche va a notar la diferencia antes que usted.

La tarjeta se queda en la mano del comensal

Con el acercamiento, la tarjeta deja de dar vueltas por el salón. No se queda olvidada en una mesa. No vuelve al comensal equivocado después de dividir la cuenta. No termina abandonada junto al terminal del fondo. Y si un comensal desconoce un cargo y asegura que le copiaron la tarjeta, ayuda que nadie de su equipo la haya tenido en la mano. La única tarjeta que sigue viajando es la que va en la carpeta de una mesa a la que nunca se le llevó un lector.

Antes de activarlo: cinco preguntas y una medición

En un terminal moderno, el pago sin contacto suele ser un ajuste y no un proyecto. Justamente por eso se activa y nadie revisa qué cambió después. Si no tiene terminal, algunos proveedores permiten cobrar por acercamiento con el teléfono de un empleado, con el nombre de Tap to Pay en iPhone o en Android. En los dos casos, estas son las preguntas que hay que hacerle al proveedor:

  1. ¿El pago sin contacto ya está activado en los terminales que tenemos o hay que encenderlo, y en qué modelos?
  2. ¿Cuál es el tope sin PIN en nuestro mercado y qué hace el terminal por encima de ese monto?
  3. ¿Un acercamiento nos cuesta lo mismo que una transacción con chip? ¿Los pagos con billetera digital tienen otra tarifa?
  4. ¿Cómo se captura la propina? ¿Aparece como una línea o como dos en el reporte diario?
  5. ¿Cómo se devuelve un pago hecho con teléfono cuando el comensal ya no está en el local?

Después, mida lo que quiere arreglar. Durante unos cuantos servicios, con al menos una noche llena y una tranquila, anote cuánto pasa desde que una mesa pide la cuenta hasta que el pago queda aprobado. Casi todo ese tiempo se va antes del acercamiento. Si la cifra no baja con el pago sin contacto ya funcionando, el cuello de botella nunca estuvo en el terminal. Lo que hay que cambiar entonces es dónde está el lector o cómo piden la cuenta los comensales.

Cobrar sin terminal: qué necesita la mesa en FineDine

Que el comensal pague desde su teléfono es la única opción que hay que dejar preparada antes del servicio. Hacen falta dos cosas. La cuenta tiene que estar asociada a una mesa. Y el comensal tiene que poder abrirla en su teléfono sin instalar nada.

En FineDine, lo primero se decide en la configuración. Puede imprimir un código QR distinto para cada mesa o uno solo para todo el salón. Con un código por mesa, el pedido entra ya asociado a esa mesa y nadie tiene que escribir el número. El código único es más rápido de imprimir y de reponer. A cambio, la mesa hay que identificarla de otra manera.

El cobro pasa por proveedores que quizá ya usa. FineDine se conecta con Stripe, Square y SumUp, y con opciones regionales como Iyzipay y MOKA en Turquía, o Myfatoorah y STC Pay en el Golfo. Tarjeta, Apple Pay, Google Pay, efectivo y propina quedan registrados en el pedido, así que la cuenta y el pago son un solo registro y no dos. Desde el menú, el comensal también puede enviar una solicitud de servicio. Pedir la cuenta ya no depende de cruzar la mirada con un mesero, y esa es justo la espera que el acercamiento nunca tocó.

Esto no reemplaza al terminal. El comensal que quiere acercar una tarjeta física sigue necesitando un lector. El efectivo se sigue cobrando a mano. Cómo se comporta el lado del teléfono en la mesa, y dónde suele trabarse, está en pedir y pagar en la mesa: cómo funciona y qué cambia en el salón. Si también está evaluando los pedidos a domicilio, los beneficios de la entrega en casa cubre ese canal.

Tres lugares donde puede estar el lector y lo que cada uno le pide al salón
Dónde paga el comensalQué sigue esperando el comensalQué le pide a usted
En la caja o en un terminal fijoIr hasta la caja, o que el mesero se lleve la tarjeta y se la traiga de vueltaNada nuevo si el terminal ya lee por acercamiento
Terminal portátil llevado a la mesaQue alguien esté libre para traer el terminalSuficientes terminales por sección y personal disponible en la hora de más movimiento
En su propio teléfono, desde un código QR en la mesaSolo que la cuenta se abra en el teléfonoQue el pedido se tome en digital, para que la cuenta exista antes de que el comensal la pida

Preguntas frecuentes

¿Un bar puede aceptar solo pagos sin contacto y rechazar el efectivo?
Aceptar pagos sin contacto además del efectivo no tiene problema en ningún lugar. Dejar de recibir efectivo es otra cosa. Entre 2019 y 2020, la ciudad de Nueva York, San Francisco, Filadelfia y el estado de Nueva Jersey aprobaron leyes que obligan a la mayoría de los negocios con venta presencial a aceptar efectivo. Revise la norma de su ciudad antes de retirar la caja de efectivo.
¿Acercar la tarjeta es más seguro que deslizarla?
Al acercarla, la tarjeta envía un código que solo vale para ese pago, la misma protección que da el chip insertado. Al deslizarla se lee la banda magnética, que guarda datos fijos. El teléfono añade un token en lugar del número real de la tarjeta. El tope sin PIN y el PIN que se pide tras varios acercamientos están para limitar lo que se puede gastar con una tarjeta perdida.
¿El comensal necesita una aplicación para pagar desde el QR de la mesa?
No. Con FineDine, el menú y la cuenta se abren en el navegador del teléfono. El comensal paga ahí con tarjeta, Apple Pay o Google Pay, a través del proveedor de pagos del restaurante.
¿Funciona un Apple Watch o una funda de teléfono con una tarjeta adentro?
Un reloj con la tarjeta cargada en su billetera paga igual que un teléfono. La funda que guarda una tarjeta de plástico es otra historia. Si la billetera del teléfono también responde, las dos chocan, y quizá el comensal tenga que sacar la tarjeta.

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