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Pedidos digitales: lo que ve su cliente y lo que hay que decirle

Cuatro empleados de cafetería posando juntos con delantales y tazas de café
Idil Aras
Escrito por
Idil Aras
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La tarjeta con el código lleva medio minuto en la mesa. El cliente ya tomó el teléfono y aun así levanta la vista, buscando a alguien. Pasa sobre todo el primer fin de semana después de activar los pedidos, y casi nunca tiene que ver con la tecnología: esa mesa está tratando de averiguar si todavía va a acercarse alguien. Pedir de forma digital quiere decir que el cliente captura su propio pedido en una pantalla -su teléfono en la mesa, una tablet, un kiosco, un enlace que usted le mandó- y que ese pedido entra a su sistema sin que nadie lo anote en papel para volver a teclearlo. La definición no decide nada en su salón. Lo deciden los primeros toques que ve el cliente y la frase que dice su personal mientras todavía está dejando la tarjeta.

Pedidos digitales, pedidos en línea, sin contacto: tres nombres, un mismo acto

Los tres nombres se usan como sinónimos. La confusión estorba más adentro del equipo que en la mesa. Pedidos digitales es el término amplio. Pedidos en línea casi siempre nombra la mitad de fuera del local: para llevar y a domicilio, por medio de un enlace. Sin contacto fue la palabra que se le pegó a la señalización en 2020 y ahí sigue, en los letreros.

Ninguno de los tres contesta lo único que el cliente necesita saber, que es si hay carrito o no lo hay. En FineDine cada código QR queda en uno de dos modos. En modo Display se abre la carta y no existe forma de mandar un pedido. En modo Ordering aparece el carrito. Impresos en la tarjeta de mesa, los dos se ven idénticos. Si un mesero dice «puede pedir desde el código» y el código quedó en modo Display, esa mesa toca la pantalla un rato y después levanta la mano. El cliente se va convencido de que su sistema está roto. Lo único que pasó es que nadie cambió el ajuste.

Las formas que su cliente ya usó antes

Nadie llega en blanco. Casi todos pidieron alguna vez en un kiosco de aeropuerto y desde una app en su casa, y los hábitos que dejaron esos años de escanear son el material con el que usted trabaja. Lo nuevo es hacerlo dentro de un salón, con un mesero parado a tres metros. Ahí la pregunta ya no es técnica, es social.

La app de un marketplace es el caso aparte: su equipo no tiene nada que explicar. Cuánto le cuesta cada pedido y qué pasa con su lista de clientes es una decisión aparte de todo lo que se diga en la mesa.

Lo que ve el cliente después de escanear

La primera pantalla no es la carta. Ese es el dato que casi nunca llega al personal de salón.

1. **Una página de bienvenida.** El nombre de su marca, un selector de idioma y botones de comentarios, información del local e inicio de sesión. El cliente tiene que pasar por ahí para llegar a la carta. Es el punto donde más se atora un primer escaneo.
2. **La carta.** Pestañas de categoría arriba, un buscador y tarjetas con el nombre, la descripción, las opciones de precio y los iconos de alérgenos o dieta que usted haya llenado. Cada tarjeta trae un corazón para guardar favoritos.
3. **La página del platillo.** Foto grande, los tamaños o porciones como botones entre los que el cliente elige, un distintivo de calorías donde usted cargó la información nutricional, y un espacio para dejar calificación y comentario.
4. **El carrito y el pago**, si los pedidos están activos. Tarjeta, Apple Pay y Google Pay, más un paso de propina con los porcentajes que usted definió. Donde haya activado la verificación de edad, la confirmación por alcohol ocurre aquí.
5. **Un botón para llamar al mesero.** Es la forma en que el cliente pide algo sin levantarse ni agitar la mano. Dígaselo a su personal antes de decírselo a un solo cliente.

El orden importa: idioma antes que carta, carta antes que platillo, platillo antes que carrito. Un cliente atorado en la bienvenida todavía no vio un precio. Desde el otro extremo del salón se ve exactamente igual que alguien leyendo la carta con calma.

Qué decir en la mesa

La explicación que funciona contesta la pregunta que el cliente no hizo en voz alta: alguien sigue pendiente de su mesa. Dígalo mientras deja la tarjeta, no después de que ya tomaron el teléfono. Para entonces la mesa ya empezó a decidir si esto le molesta.

Faltan dos datos y ninguno es tecnológico. El primero es si se paga ahora o al final. Eso lo eligió usted al configurar y el cliente no tiene manera de adivinarlo. Cerrar la cuenta desde el mismo código con el que pidió cambia cómo se ven los últimos diez minutos de la comida. El segundo aplica cuando la mesa viene de fuera: señale el selector de idioma. Está en la primera pantalla, le cuesta dos segundos y a ellos les ahorra recorrer una carta que iban a entender a medias. Cuántos idiomas puede publicar depende de su plan, así que revise la página de precios antes de prometerle algo a una mesa.

Lo que sí puede saltarse es el tutorial. Nadie quiere una capacitación con hambre. La carta es justo la pantalla que el cliente navega sin ayuda.

Dónde falla la explicación sin que el cliente tenga la culpa

Casi todos estos casos son estados de configuración, no guiones. Por eso un guion mejor no los arregla.

Una carta guardada como borrador le muestra al cliente un aviso de que la carta se está preparando. En una mesa a la que le dejaron la tarjeta hace treinta segundos, eso se lee como un enlace muerto.

Imprima un solo código para todo el salón en lugar de uno por mesa y el número de mesa tendrá que recogerse de otra forma. «¿En qué mesa está?» es una pregunta razonable en un salón con números a la vista. En uno sin números, es imposible.

El idioma es la falla silenciosa. El selector está en la primera pantalla, así que los clientes lo encuentran sin problema. Y ahí descubren que solo una parte de la carta viajó con ellos. El panel muestra un porcentaje de avance por idioma. Una carta traducida a medias no se lee como algo incompleto, se lee como algo descompuesto.

Al final quedan los platillos sin foto y sin descripción. Ahí el cliente elige con el puro nombre. Eso alcanza para un café americano y no sirve de nada para un plato al que usted mismo le puso nombre.

Cómo saber si pasaron de la primera pantalla

De las mesas que se rindieron usted se entera. Las que pidieron menos de lo que pensaban no dicen nada.

La pestaña de reportes de FineDine cuenta sesiones, vistas de carta, vistas de sección y vistas de platillo como números separados. Se actualiza cada hora y compara una ventana de 7, 14, 28 o 90 días contra el periodo anterior. Léalos siguiendo las pantallas del cliente, no como un total. Muchas sesiones y pocas vistas de carta significa que se están quedando en la bienvenida. Muchas vistas de carta y pocas de platillo apunta a otra cosa: o la primera categoría no es la indicada para abrir, o las pestañas no se leen como pestañas en los teléfonos que de verdad trae su clientela.

Lo que los números no dicen es por qué. Dos preguntas un viernes, una a la mesa que acaba de pedir y otra a la que acaba de llamar al mesero, rinden más que una semana de gráficas. Hasta dónde llega el histórico depende de su plan.

Formas de pedido digital, qué tiene el cliente en la mano y qué le toca decir al mesero.
FormaQué tiene el cliente en la manoQué dice el mesero
QR en el salónSu propio teléfono, sentado en la mesaPida cuando guste, y si me necesita use el botón de servicio
Tablet en la mesaUn aparato que se queda con la mesaLa carta está aquí y el pedido lo manda usted mismo
Kiosco en la barraUna pantalla fija, de piePida aquí y le cantamos su número
Tablet del meseroNada; el aparato lo trae el meseroYo lo voy capturando conforme me dice
Su propio enlace para llevar o a domicilioEl teléfono, fuera del localNada en la mesa; el enlace y el código hacen el trabajo
App de un marketplaceEl teléfono, dentro de la app de otroNada; la app se explica sola y se queda con el cliente

Preguntas frecuentes

¿El cliente tiene que descargar una app?
No. La carta abre en el navegador del teléfono, directo desde el código, y no hay nada que instalar. Quien quiera guardar sus favoritos puede crear una cuenta. Para pedir no hace falta.
¿Existe algún sistema de pedidos en línea gratuito?
Las apps de marketplace no cobran por entrar y a cambio se llevan una comisión de cada pedido, así que el costo pasa de mensualidad a porcentaje por venta. Las herramientas que manejan los pedidos en su propio canal son de suscripción, FineDine incluido, y hay periodo de prueba. Lo que trae cada plan cambia, así que eso se consulta en la página de precios y no en un artículo, este entre ellos.
¿Qué es el pedido digital de DoorDash?
Es la variante marketplace: el cliente pide dentro de la app, la app cobra y se queda con una comisión, y la relación con ese cliente se queda también ahí. Para el cliente es el mismo acto que escanear su código. Para usted es otro arreglo, y las condiciones de cada app vienen en el estado de cuenta que le manda.
¿Qué son las cocinas fantasma?
Una cocina que produce solo para domicilio y para llevar, sin salón. Ahí todos los pedidos son digitales y no hay mesero que explique nada. La explicación tiene que vivir en la página del platillo: la foto, la descripción y las opciones son todo lo que el cliente recibe.
¿Y el cliente que no quiere usar su teléfono?
Conserve una manera de pedir que no lo necesite. Un mesero con tablet captura el pedido una vez y a la cocina le llega la misma comanda que si la hubiera mandado el cliente. Insistirle a alguien que ya dijo que no le sale más caro que tener unas cuantas cartas impresas.

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